Morbo e Hipocresía

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¿Qué hace del asesinato de Kluiberth Ferney Roa un hecho especial en un país donde el año 2014 terminó con 24.980 fallecidos y una tasa de 82 muertes violentas por cada 100 mil habitantes?

Con toda crudeza yo pienso que nada, que no es un hecho especial. Es uno más de la lista interminable de venezolanos muertos por razones fútiles.

Que un niño de 14 años estuviera en la calle a media mañana un día de clases no tiene explicación. Nadie explica por qué no estaba en su colegio, en clases; quizás fueron suspendidas por la trifulca que unos encapuchados tenían en la zona contra la policía. Quizás fue eso. Lo cierto es que un niño de 14 años terminó en la calle el día y hora equivocados, y se tropezó con la realidad. Vaqueros contra indios, pistolas contra piedras, y un tiro le dio a quien nada tenía que ver. Aparentemente un policía de unos veintitantos años fue el que acabó con su vida; apropósito, por accidente, ciertamente por incapacidad de manejar la situación y tener un arma letal en sus manos. En total, dos jóvenes muertos. Uno de verdad y para siempre, el otro no lo olvidará nunca y su vida también se acabó aunque siga en este plano.

Pero lo peor no es el asesinato. No. Lo peor empezó desde el segundo siguiente cuando se vuelve viral en las redes sociales el video del suceso, las fotos morbosas del cadáver y la sangre. Mucha sangre y horror. Sin piedad ni respeto para los familiares que pasarán el resto de su vida llorando a su hijo y teniendo que encontrar una y otra vez un retrato tan gráfico de este día en miles de publicaciones de personas voyeristas y morbosas que en supuesta defensa de una lucha (desde el teclado) sólo comparte imágenes para conseguir comentarios y ‘likes’ en sus redes. Patético.

Lo peor viene ahora, cuando este pobre muchacho será inmortalizado como un nuevo héroe de la lucha contra un enemigo que en el terreno de la violencia nos gana siempre y con grotesca ventaja.

Entonces, ¿cuál es la novedad con el asesinato de Kluiberth? ¿Es que acaso hay un ranking de muertos clasificados por bando político, color, ubicación, edad e importancia?

Acaso no son igual de importantes los casi 30 muertos que hubo en Carnaval de 2015, los 250 policías asesinados en 2014, el personal de seguridad asesinado, el asesinato de Monica Spear y su esposo, el asesinato del Diputado Robert Serra y compañera, los muchos asesinados de cualquier zona y nivel socioeconómico, el asesinato de Bassil Dacosta, el asesinato de Geraldine Moreno, el asesinato de Génesis Carmona, la herida de bala en la cabeza al hermano de la ex primera dama Marisabel Rodríguez, asesinado el tricampeón nacional de kempo, los recientes jóvenes asesinados en Mérida y Caracas.

Para mí, todos estos muertos duelen igual, todos me producen la misma impotencia y sensación de indefensión.

Para mí, no hay muertos más tristes que otros. No hay muertos héroes, ni personas que se merezcan ser asesinadas.

Después del asesinato de inocentes, lo más bajo es su politización. Usarlos como imagen para justificar las malas decisiones. Así, veremos en lo sucesivo posters, imágenes tristísimas y toda campaña posible en su nombre.

Estos últimos días han matado a jóvenes, pero para que llamen la atención, se les llama estudiantes. Porque ser un venezolano más asesinado no es importante, eres sólo un número de la morgue.

Pero si son llamados estudiantes, a un segmento político sí les importa conocer su nombre y averiguar en las redes todo lo posible para conseguir las fotos más morbosas posibles y publicarlas.

La verdad no puedo con esta hipocresía de los radicales. Lloran a unos y, en el mejor de los casos, ignoran a otros. Porque cuando el muerto es del bando contrario no duele, se pueden hacer burlas y hasta justificar que los maten. Pero si son del bando con el que se identifican, son víctimas, mártires.

Personalmente estoy asqueada con lo poco vale la vida para la mayoría. Me asquean los que vociferan amar su patria y apuntalan sus discursos sobre los muertos que convienen. Los tuyos, los míos. Ambos bandos hacen exactamente lo mismo.

Yo sí quiero a mi país completico, con los todos los bandos, porque he tenido suficiente tiempo para entender que lo primordial es convivir con respeto al que piensa distinto, porque convivir con el que piensa igual es facilísimo. Pero no quiero este país de morbosos e hipócritas.

No soporto que por unos muertos simbólicos algunos colocan sus avatares en las redes con un lazo negro y drenan su falso luto incitando a la violencia (siempre detrás del teclado y bien lejos del candelero). Le faltan el respeto a los verdaderos deudos. Son igualitos a los arroceros de funerales, sólo quieren figurar con el tema de moda.

Si se van a poner un lazo negro de luto, pues tendrá que ser todo el año, porque no lo hicieron por los 25.000 muertos multicolores del año pasado. Si van a llorar a Mónica Spear, también lloren a Robert Serra.

Para mí, cada muerto es una barra más que me separa del exterior, que me aleja del mundo. Que angustia. Para mí, el respeto a los muertos es para todos los venezolanos.

Yo soy venezolana y no quiero más muertos. Punto.


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  • julio cesar figuera

    Excelente reflexión. Eso es saber vivir para compartir el convivir, que se ha perdido.

    • Muchas gracias Julio :)