¿Eres Profesional?

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Hace años tuve una época en la que me dediqué a bailar Tango. Pero no fue una cosa esporádica o pasajera, no. Fue una actividad que adopté casi religiosamente, fue más de un año dónde todos los días bailaba de una forma u otra.

Todo comenzó con un simple taller intensivo de tres días y supe que ése era, sin lugar a dudas, el baile perfecto para mi.

Ésa temporada intensiva requería bailar cada noche después del trabajo y la universidad, requería mis fines de semana libres. Era pasión pura. Tuve la inmensa suerte de tener profesores maravillosos; en especial, uno se dedicó a enseñarme todo lo que sabía y más… lo asistía en sus clases, así que aprendí a bailar y hasta enseñar algunas cosas.

De ésa época recuerdo una conversación donde me decían que para mi el tango no era una profesión, sino un hobbie y que tarde o temprano lo dejaría. Eso fue en medio de la época más intensa de entrenamiento. Nunca lo negué, era honesta. Yo quería aprenderlo todo y hacer todo lo posible (hasta llegué a hacer unas presentaciones en público), pero nunca lo vi como profesión… para eso ya estudiaba y trabajaba.

También, de ésa época, recuerdo como los profesores de mayor trayectoria y preparación (nacional e internacional) se molestaban al ver que aquellos que alguna vez fueron sus estudiantes empezaron a dar clases a otros haciéndose pasar por profesionales. Algunos estudiantes pensaron que con ir a varios talleres y practicar un poco, los hacía profesionales.

De eso aprendí lo ofensivo que es para una persona oír y ver a otros ufanarse de ser conocedores de un tema que jamás han estudiado. Para entonces, aún yo no me había graduado de mi carrera, por lo que no sentía esa sensación en mi profesión. Desde entonces, traté de ser lo más respetuosa posible con el trabajo de los demás… una cosa es que me gusten muchas disciplinas, haga de todo, y otra es que crea que soy experta en todo.

Con el pasar de los años, el tango quedó atrás, quedó como un recuerdo adorable y unas habilidades muy bien aprendidas. Pero lo que sí quedó tatuado en mi fue el no usurpar el área de experticia de nadie. Bailando se aprende mucho, hasta humildad y ubicación.

Con el pasar de los años, mi vida profesional me llevó al terreno más prostituido de todos por la globalización y tecnificación: la computación.

Cuando era niña y adolescente, saber usar una computadora me colocó en el segmento de los nerds, pero sin duda era una ventaja enorme con respecto a mis pares.

De unos pocos años para acá, todo el mundo tiene un dispositivo en sus manos que tiene más capacidad de cómputo que mi primera computadora, pero la mayoría solo lo usa para ver videos, cargar fotos o leer bobadas.

Cuando era adolescente, tener página web era una exclusividad de los nerds más nerds. Ahora no, cualquiera tiene perfil en Facebook, Twitter, Instagram, Google Plus, Foursquare, LinkedIn… etc, etc… alguno incluso tienen un Blog.

Pero la cosa se pone más escabrosa al entrar en el terreno de los blogs. Estos hicieron de la web algo muy poderoso, robusto. Cualquiera podía publicar la información que quisiera. Una maravilla.

Pero como nada es tan perfecto, los blogs mutaron en páginas web y allí está la génesis de la prostitución de la computación: ahora hay miles de personas que sientes que son desarrolladores web. Incluso cobran por ello.

Es allí cuando recuerdo a mis profesores de tango y su indignación: conocer una actividad, no te hace profesional.

En estos tiempos es tan común ver a la gente frustrada porque su profesión no es respetada, no es valorada, porque existen miles de personas ejerciendo el sentido común y suplantando sus funciones aprendidas y desarrolladas de forma profesional.

Pero lo que más me sorprende es ver, que todos terminan haciendo lo mismo: menospreciando la profesión del otro, porque saben usar una computadora, tienen redes sociales y personalizan un blog.

Personalmente tengo una profesión y es lo único en lo que he trabajado desde la Universidad. Todos mis proyectos han sido en la misma área, con la misma base: la computación y desarrollo de sistemas… lo único que ha cambiado con los años es la aplicación.

A veces parece tonto y obvio, pero siempre hay que recordarlo:

  • Cocinar y publicar fotos de mis platos, no me hace Chef. No estudié para eso, solo soy una entusiasta y autodidacta.
  • Tomar vino, no me hace sommelier.
  • Pintar, taladrar, reparar tubos, cortar cables… no me hace obrero (solo es que tengo hobbies raros).
  • Escribir en mi blog, no me hace comunicadora, ni periodista.
  • Darle medicinas a mis gatos, no me hace veterinaria.

Si a mi me ofende ver como algunos suplantan la profesión de otros y hago mi mayor esfuerzo por no hacerlo yo con los demás, aspiro que mis años de preparación y experiencia valgan el mismo respeto.


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