Conociendo a Dorian Gray

El retrato de Dorian Gray lo abordé sin averiguar ningún detalle al inicio, solo conocía las generalidades de una historia ampliamente comentada y versionada, pero enfrentar la lectura con curiosidad fue todo un placer.

Desde ése punto de vista, digamos que la historia hizo lo suyo… un libro hedonista en todos los sentidos no puede producir más que placer al leerlo. Además, por casualidad, los ratos que dediqué a él se terminaron volviendo una experiencia sensorial, una especie de ritual nocturno: era indispensable una buena música de fondo, un aperitivo disfrutado lentamente y la comodidad, para entregarse a una lectura íntima.

Una novela como ésta no tiene ningún sentido útil ni práctico, pero a la vez termina enfrentando tus ideas más cuadradas con las emociones, con la belleza, con el placer, con el sentir. Al final termina siendo terapéutico para alguien que vive, por profesión, del lado pragmático de la vida.

Sin contar que es claro porqué alguna vez, una sociedad ignorante y moralista pretendió usar esta historia como prueba del comportamiento “anormal” de Oscar Wilde. Uno de tantos casos, dónde la falsa moral juzgó a una persona por su arte y sus preferencias sexuales; una vez más la sociedad haciendo lo que hace mejor: criticar todo aquello que no entiende y pretendiendo meter al outsider en una camisa de fuerza para que se ajuste a los canones de lo correcto, en vez de dejar vivir y convivir con las diferencias de las personas en sana paz.

Fue una recomendación muy acertada para reiniciar mi adicción a la lectura. Ciertamente han dado en el clavo al sugerirme empezar precisamente con este libro. Las novelas de terror gótico siempre han sido deliciosas de leer para mí. La ambientación, el suspenso y los personajes tienen un encanto especial.


Cita

Cuando una mujer se casa de nuevo es porque odiaba a su primer marido. Cuando un hombre se casa de nuevo, es porque adoraba a su primera esposa. Las mujeres prueban su suerte, los hombres arriesgan la suya.

El personaje de Lord Henry Wotton es desesperante. Hedonista y manipulador. Juega con las reglas se ésa sociedad pacata y recatada victoriana, usando a sus allegados como títeres de sus ideas, seduciendo sus mentes y llevándolos a comportarse de forma cuestionable… claro, es más simple ser un digno espectador de las consecuencias de sus ideas, que ponerlas en práctica él mismo. Parece que en realidad ese tipo de personajes manipuladores no pasan de moda, solo se adecúan a su tiempo.

La forma en que induce a Dorian a convertirse en el Fausto de la historia, convenciéndolo del horror del paso del tiempo es terrible. Muestra ese poder oculto que tienen algunos individuos de afectar las ideas de mentes débiles y llevarlos al peor destino.

Claro, hay tentaciones que se venden muy fácilmente y seguirlas embriagan los sentidos. En definitiva, “el único camino para deshacerse de la tentación es ceder a ella. Resístela y tu alma enfermará de anhelo por las cosas que se le han prohibido, de deseo por lo que sus leyes monstruosas han hecho monstruoso e ilegal.”

Cita

Para volver a la juventud, uno sólo tiene que repetir las locuras

¿Quién se atreve a culpar a Dorian por desear la juventud eterna y la experiencia que da la vida?

¿No es ése un deseo oculto de muchos? ¿Aprender de la vida y seguir viéndonos divinamente?

En su desespero por lograrlo, termina creando la falacia patética más cruel que un individuo pueda imaginar… todas nuestras acciones tienen consecuencia y en algún lado se van a reflejar.
Es lógico entonces caer en la ironía de esconder en el rincón olvidado de la infancia (donde todo es aparentemente puro) el testigo tangible de las consecuencias de nuestras decisiones adultas. Parece uno de esos actos casuales, sin importancia, pero que terminan siendo tan simbólicos. Es como destruir toda la memoria de lo que fue bueno o, al menos, inocente porque ya no nos sentimos dignos de guardar espacios puros.

Pero cuando tomamos conciencia de lo que estamos haciendo con nuestra vida, es cuando realmente vemos las heridas internas y externas. Lástima que en el mundo real no se pueda contar con un cuadro que cargue con el peso.

El punto es reaccionar al ser conscientes del daño que hay en nuestra alma, por así decirlo, para no terminar enajenados y perdidos en la locura, en la frustración, en la tristeza. Se impone el ejercicio más difícil: rectificar lo que se pueda y cómo se pueda.

“Curar el alma a través de los sentidos, y los sentidos a través del alma.”

Cuando el alma está herida, casi nada nos place, nos da satisfacción, todo resulta pobre y deslucido. La única forma de ir sanando, es produciendo emociones a través de sensaciones. Contemplar algo bello, evocar momentos gratos con solo un aroma; tocar y ser tocado, saborear pequeños placeres culposos.

Así, poco a poco, pasa ésa inercia y volvemos a percibir mejor el entorno, volvemos a ver en colores lo que parecía estar siempre entre brumas grises. El alma se acomoda poco a poco… haciendo que nuestros sentidos se vuelvan más agudos.

Así comienza a funcionar de nuevo esa simbiosis, alma y sentidos, la única que nos hace sentir realmente vivos… y desde donde podemos empezar a ver con más claridad si queremos continuar inmersos en un mundo de falsos placeres inmediatos o virar hacia nuevas experiencias que realmente nos satisfagan desde adentro.

Vivir, sin sentir, es simplemente ser un cuerpo que vaga por la superficie de un mundo que no comprendes.


¿Te gustó? [ratings]