Más allá de las palabras

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Todos tenemos pequeños rituales que cumplimos casi siempre sin pensar, muchos son herencia de nuestra educación, otros aprendidos a placer.

Lo curioso de los pequeños detalles es que a pesar de parecer insignificantes, en la mayoría de los casos demuestran mucho de quienes somos sin siquiera nosotros notarlo. Nos delatan.
Esos pequeños rituales van desde las cosas que hacemos cada día al despertar, antes de salir a la calle, hasta como iniciamos una conversación.

¿Alguna vez has pensado como saludas a una persona?

No importa si es por escrito o verbalmente. Me refiero a esa secuencia que arranca cualquier conversación. Haciendo un balance de interacciones sociales he notado ciertos patrones; podría simplificarse en lo siguiente:
Tu: Hola
Interlocutor: Hola
Tu: ¿Cómo estás?
Interlocutor: Bien ¿y tú?

Palabras más, palabras menos, esto se repite siempre salvando los estilos personales de cada quién. Tampoco importa si la respuesta es del todo honesta, socialmente todos respondemos que estamos bien en cualquier escenario si no hay confianza suficiente para otra cosa.

Pero con los patrones sociales ocurren cosas interesantes… quienes los cumplen, podría decirse que son el grupo de los ‘normales’, los comunes. Es fácil interactuar con ellos porque el comportamiento es predecible.

Pero ¿qué pasa con aquellos que no cumplen los parámetros frecuentes?

Quizás sea una simpleza de criterio de mi parte, pero desde mi experiencia me he dado cuenta que existen personas que sistemáticamente evitan iniciar una conversación con alguien preguntándole Cómo Está (o cualquiera de sus variantes cercanas).

Pero ¿será que eso es sólo un tema de educación y modales básicos o el reflejo de algo más profundo?

Nuevamente, en mi experiencia, es reflejo de algo más que falta de educación o inteligencia intelectual. Por lo que he visto, es un comportamiento recurrente en personas que carecen parcial o totalmente de inteligencia emocional.

Y cuando lo piensas, tiene sentido. Cuando preguntas a tu interlocutor Cómo Está te arriesgas a dos tipos de respuestas.

La primera, es la socialmente aceptable, donde todos decimos que estamos bien (sin importar el entorno personal, social, económico o de país) en el que estemos, porque sencillamente no queremos exteriorizar nuestras emociones. Dependerá de la percepción del interlocutor, la confianza y conocimiento previo, determinar si la respuesta es honesta o no… y en ése caso decidirá tomar alguna acción (seguir la corriente o tratar de ahondar).

La segunda, es la respuesta real que damos a aquellas personas que nos importan o con las que nos gustaría entablar un nexo más allá de una relación social superficial.

Pero en cualquiera de los dos escenarios tienes la posibilidad de establecer una mejor comunicación con las personas, porque tratas de involucrarte a un nivel más profundo en la vida del otro. Esto no significa necesariamente, inmiscuirse en intimidades… es solo dar el primer paso.

Esos simples patrones de comunicación te abren la puerta a conectar con el otro, te permiten conocer el carácter, la personalidad y la vida de quienes te rodean.

Evitar este tipo de interacción básica con el tiempo te va cerrando como persona. Se va volviendo natural no saber de los demás, distanciarse emocionalmente de todo. No tiene que ver con apartarse socialmente del entorno, no. Hay personas que pueden estar constantemente rodeadas por muchos amigos diversos y aun así, estar solos.

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Establecer conversaciones llenas de anécdotas que involucran a terceros, de datos teóricos, de noticias cotidianas, puede ser un método práctico para interactuar inicialmente con desconocidos. Pero al pasar el tiempo, este tipo de interacción comienza a volverse superficial y es allí donde se nota que hay algo más. Por incongruente que parezca, personas así establecen una sutil barrera que los separa del entorno. Es un mecanismo hábil para ser socialmente adecuados, pero sin involucrar ninguna emoción real que los pueda exponer.

Posiblemente la realidad es que una persona que evite este tipo de interacción, es porque realmente carece de la capacidad empática necesaria para conectar con sus emociones y, por ende, con las emociones de los demás.

Una persona que no te pregunta Cómo Estás muy posiblemente no lo hace porque no sabe como lidiar con una respuesta real y, mucho menos, quiere pasar por el trago amargo de responder por si mismo. Muy posiblemente personas así tienen alguna distorsión conductual o emocional que les impide identificar sentimientos.

La verdad es una situación lamentable. Puedes estar frente a alguien realmente interesante e inteligente, pero que maneja sus interacciones sociales como experimentos, no dándose la oportunidad de conocer de verdad a quien tiene cerca.

Las relaciones sociales de cualquier índole son procesos complejos, donde todos los participantes tienen que aportar. Si solo te presentas como un actor que cuenta su vida desde una perspectiva terciaria carente de emoción, es como si fueses parte de una obra de teatro que al final deja al público con el sin sabor de haber visto un espectáculo que prometía ser muy bueno, pero que al final los diálogos superfluos destrozaron la línea argumentativa.

Al final se trata de ver más allá de lo evidente.

Los que tienen la capacidad de hacerlo, de reconocer sus emociones y las de los otros, de exteriorizarlas y expresarlas en diferentes modos, son calificados como empáticos.

Los que carecen de ésa capacidad de conectarse con sus sentimientos, que no pueden ver más allá de lo que expresa su entorno y se quedan dentro de la zona de confort que construyen para evitar cualquier interrelación real, suelen ser catalogados como alextímicos.

Pero como al final, se trata de ver más allá de las palabras que usamos para comunicarnos, también hay que ver más allá de las categorías.

Los humanos somos seres muy complejos, llenos de facetas y nuestro comportamiento (para bien o mal) es consecuencia de las experiencias vividas. Si nuestro pasado no sirve para ser autocríticos, determinar en qué erramos, estamos viviendo una vida intrascendente condenada a repetir muchas veces los mismos errores que nos han hecho daño.

La única utilidad que tienen los errores y el sufrimiento que producen, por las oportunidades perdidas, las relaciones personales frustradas, las metas no cumplidas… es aprender. Aprender a detectar cuando nuevamente estamos cayendo en el patrón de comportamiento que nos llevó a fallar. Aprender a identificar y tolerar el miedo que da arriesgarse a cambiar.

Más allá de las palabras que escribimos o decimos, está todo lo que se calla. Por eso es imposible que alguien se aproxime realmente a ti, si estás colocando barreras. No tiene sentido, porque las relaciones humanas saludables (amistad, amor o trabajo) se tienen que basar en la reciprocidad.

Sin excepción.